Cuando Sara Chura despierte (2003): lirismo y experimentación andina

Cuando Sara Chura despierte – Juan Pablo Piñeiro
Fuente: fundacionviva.org

A los 24 años, Juan Pablo Piñeiro publica una novela ambiciosa y altamente imaginativa que hace gala de la vasta cosmovisión aymara anclada en La Paz, y que rescata la tradición de la literatura vanguardista a través de potentes imágenes visuales, un fuerte lirismo y una estructura narrativa fragmentaria que reúne la presencia de numerosas voces de procedencia aymara. De esta manera, el autor demuestra el potente valor de la cultura boliviana en diálogo con técnicas innovadoras de construcción narrativa. Como resultado, vemos la ruptura de la idea convencional de la narración y la apuesta por una propuesta original que resalta la importancia la literatura boliviana en el escenario latinoamericano.

César Amato emprende un recorrido parcialmente inexplicable durante la Fiesta del Gran Poder el 13 de junio del 2003; aquí tendrá un encuentro con Sara Chura, quien le encargará hallar al “cadáver que respira”. Su búsqueda se verá interrumpida por los puntos de vista de diversos personajes que interactúan con él, sea a favor o en contra de su objetivo. Pasamos de la novela de aventuras a la novela detectivesca, mientras que la narración reúne en sus voces toda una vasta tradición de mitos y personajes sobrenaturales que intervienen en las acciones. Estos referentes culturales también permiten comprobar que estamos ante una realidad donde los personajes se movilizan constantemente, tanto a nivel externo o interno, pues cambian de piel para asumir diferentes roles. No se trata de una diferencia entre el ser y el parecer (disfraz), sino que en efecto, las identidades son variables o mudables, y los personajes son conscientes de ello.

Recorriendo los capítulos del libro, se observa una estructura que no mantiene una linealidad; en su lugar, pareciera tratarse de un conjunto de cuentos que giran en torno a la recurrencia del personaje de César. Sin embargo, teniendo en cuenta que los hechos suceden en la víspera de la Fiesta del Gran Poder, se comprende que asistimos a una especie de transición hacia una realidad otra, donde la lógica del carnaval y la festividad permite justamente desestabilizar el posible sentido lógico convencional de la narración, y a su vez, abrir paso a las subversiones, la presencia de lo sobrenatural, y las numerosas ironías propias del lenguaje satírico que poseen muchos personajes. Además, es interesante la distancia que traza el autor respecto a la festividad histórica del Gran Poder, concebida para la cultura boliviana como un espacio para la expresión anual de prácticas religiosas que demuestra el sincretismo religioso entre lo católico y lo aymara. En su lugar, Piñeiro sitúa como punto central de la festividad a Sara Chura, un personaje femenino que resalta por su origen cultural aymara, y por ejercer una gran influencia sobre todos los demás personajes (que son mayoritariamente hombres), a partir de su imponente figura como chola de enormes polleras.

El lenguaje empleado en el relato indica la influencia andina en el acento castellano de los personajes, así como la introducción de palabras en aymara. De esta forma, la novela demanda cierto conocimiento de la cultura andina para poder comprender a cabalidad la amplia variedad de recursos míticos empleados en la historia. Sin embargo, la complejidad de la novela se agudiza con el empleo acertado de la polisemia, tanto a nivel de objetos, como de personajes. Con ello, se resalta la singularidad de un universo paceño donde los elementos míticos y occidentales convergen en igualdad de condiciones, pero sería simplista pensar que se trata de un escenario propio del “realismo mágico”. Antes que presentar los referentes culturales dentro de un universo homogéneo, la novela apunta hacia la ambigüedad y la irresolución. Así, la convergencia de recursos culturales y estrictamente literarios señala una relación dialéctica sin síntesis, la cual permite el libre ejercicio literario de experimentación de referentes.

Cuando Sara Chura despierta es una novela vanguardista, arriesgada, y que insiste en el valor del humor para representar una contradictoria realidad paceña, gracias a los múltiples significados que le otorga el autor a la Fiesta del Gran Poder, con personajes que demuestran el impacto cultural de la globalización y la persistencia de valores andinos tradicionales. Acaso la mejor forma de entender estas identidades múltiples se encuentre en las primeras páginas de la novela, a partir de la focalización del narrador en el personaje de César: “Miraba a las personas y se sentía un camaleón. Imaginaba los infinitos caminos que se cruzaban en ellas y trazaba líneas invisibles que los unían. La calle era un escenario, siempre distinto, en el que César imaginaba ser todos los personajes a la vez. ” (15). Con seres dotados de cualidades hiperbólicas y paródicas (Don Falsoafán, por ejemplo, recuerda al viejo José Arcadio Buendía de García Márquez), Piñeiro nos expone un mundo novelesco versátil ―y acaso sea este el mayor rasgo de su originalidad― cuya estructura en sí misma parece ser una gran piel que va mudando según la personalidad de los personajes y sus movimientos migratorios hacia La Paz. Solo de esta manera podrán encontrarse con Sara Chura y su poder regenerador, el cual permitirá la interacción entre el mundo de los vivos y los muertos.

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