Serotonina: la píldora del engaño

Serotonina - Houellebecq, Michel - 978-84-339-8022-9 - Editorial ...
Fuente: anagrama-ed.es

Acercarse a un libro de Houellebecq resulta una incursión en lo sórdido. Desde luego, no es un escritor atractivo para cualquier lector, pero justamente su idiosincrasia nihilista, cínica y contra lo políticamente correcto se ha movido por una línea muy delgada entre una crítica lúcida e ingeniosa a la sociedad actual y una especie de defensa de pensamiento reaccionario. Serotonina (2019), auspiciada por el prestigio de su autor, se anunciaba como un paso adelante en su poética, pero en realidad se trata de un parcial agotamiento de ciertos recursos presentes en obras como La posibilidad de una isla. Si como fieles lectores del autor francés, uno busca la polémica lúcida, esta no suele ser la norma en su último libro.

Florent–Claude Labrouste, un ingeniero agrónomo renegado de cuarenta años –típico personaje de Houellebecq- relata una vida llena de frustración e inconformismo, que no logra ser aliviada tras la ingesta del fármaco antidepresivo Captorix y su potencial capacidad para liberar serotonina, una hormona que contribuye a nuestro bienestar y felicidad. Un episodio con dos españolas veinteañeras es el punto disparador de la anagnórisis de Florent: el rechazo a su modo de vida, incluida su profesión y sobre todo, su vida amorosa. Una sensación de mediocridad insistente recorre las reflexiones del protagonista, y pese a que posee un trabajo bastante cómodo, toma la decisión de renunciar a todo, lo que implica también separarse de su novia japonesa tras un bochornoso hallazgo en torno a su intimidad. Esto marca la huida definitiva de Florent hacia un espacio lejos de su vida anterior, de la mano de un repaso de los momentos y personajes más determinantes en su vida.

A través de la primera persona, el narrador hace gala de una visión de mundo misógina y afectada por la desaparición de la libido y la impotencia sexual, como resultado de los efectos secundarios del antidepresivo que debe consumir. Es desde esta mirada eminentemente masculina que se trazan los perfiles de las mujeres que mantuvieron vínculos sentimentales con Florent. Al mismo tiempo, la alta erudición del personaje remite a las recurrentes dilucidaciones sobre la naturaleza de las relaciones humanas en el universo de Houellebecq, especialmente en torno al amor; de ahí que el protagonista aluda por ejemplo, al mito del amor platónico. Esta faceta de Florent entra en tensión con su memoria, ya que en sus recuerdos afloran la frustración y la desidia, aunque muchas veces marcadas por un tono paródico – una de las mejores cualidades de la novela- de tal forma que el protagonista por momentos se burla de sí mismo. Esto resulta interesante, además, porque no genera mayor patetismo en el lector.

El tono reflexivo del protagonista se observa particularmente en frecuentes digresiones que algunas veces se desvinculan claramente del hilo narrativo, lo que le quita peso a la historia. Es evidente que las meditaciones de Florent tienen un nivel de profundidad que le otorga densidad al relato, pero este aspecto no siempre se ve complementado por el propio desarrollo de la narración. De esta manera, la novela acaba resaltando por la variedad de temas incorporados antes que por el propio desarrollo de la vida de Florent. Entre los tópicos más resaltantes se encuentra el uso de fármacos y sus inesperados efectos en el ser humano, más precisamente en el hombre. Sin embargo, y pese a que el título alude directamente a los antidepresivos, la novela no hace mayores alusiones al ámbito de los medicamentos psiquiátricos. En cambio, sí se sumerge en el problema del medio ambiente a través de importantes críticas a la contaminación y sobreexplotación agrícolas. Esta postura le sirve al protagonista para describir una sociedad occidental en plena decadencia, sobre todo en la segunda parte de la novela, cuando Florent se encuentra con su amigo Aymeric. Con ello, el personaje principal ya no se debate solo entre el cinismo, sino que arroja atisbos de nostalgia, pero sus sentimientos, claro está, no permean el tono negativo y desesperanzador sostenido en gran parte de la narración.

Serotonina, más que aludir a una exploración sobre la depresión en el siglo XXI, se vuelve un símbolo o emblema de la sociedad actual: un mundo lleno de personas enfermas y diagnosticadas, pero que de ninguna forma tienen acceso a una cura real, sino que viven engañadas por el falaz y transitorio alivio que les ofrece una pastilla o cualquier otro placebo. Houellebecq nos demuestra, a través de su protagonista, que la única forma de cambiar esta realidad se encontraría en abandonar los preceptos de la época actual y apelar a una visión anterior del mundo. Nos lo sugiere con un narrador que no tiene reparos en manifestar la desaprobación de una realidad que le es ajena y ante la cual ha decidido optar por el aislamiento y vivir como un ermitaño; en otros términos, un curioso personaje con una masculinidad hegemónica que despotrica contra los valores sociales y morales, pero cuyo cinismo esconde en realidad un deseo por un retorno a un mundo anterior, quizá antes de la llegada aplastante de la modernidad.

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