Pensar y producir durante la pandemia

Academia.edu Review - a Reliable Source for Scholars?

Hace unos días mi amigo Mateo Díaz publicó un sugerente texto sobre la situación de la academia en el contexto actual de la pandemia del coronavirus. Al margen de que no esté de acuerdo con algunas de sus ideas, quisiera ofrecer otra manera de entender las dinámicas de la academia en la actualidad.

La aparición del libro Sopa de Wuhan, una recopilación de textos críticos sobre el coronavirus, me despertó diferentes reacciones. Debo reconocer que en principio me sentí atraído y sorprendido por la rapidez con que se publicó un libro sobre el tema. Luego de investigar cómo surgió el proyecto, todo empezó a cobrar sentido. Es importante entender el libro como un ente orgánico (o que pretende serlo) editado por Pablo Amadeo, probablemente con intereses académicos muy concretos, aunque su prólogo intente señalar lo contrario. De hecho, ya han aparecido críticas a la compilación, pese a sus numerosas celebraciones en las redes. Al mismo tiempo, me surgen dudas sobre si realmente este libro calza dentro del impulso frenético por publicar que rodea a la academia. En principio, si bien el autor piensa su libro de manera orgánica, el prólogo poco claro demuestra una urgencia por publicar un conjunto de textos donde cada autor aborda un aspecto de la pandemia de una forma muy particular; probablemente pocos autores manejen las mismas ideas o aseveraciones. Algunos son filósofos; otros, activistas. Ellos y nosotros viven un ambiente de incertidumbre total y de necesidad de darle un sentido a este problema. Nada nuevo. La historia de la humanidad está basada en la necesidad de construir historias para darle sentido a todo aquello que parece escapársenos de las manos. La pandemia no tendría por qué ser la excepción.

Quizá luego de que se supere esta pandemia (si es que llegamos a superarla, pero pensemos que existe un tiempo “después de”), la academia una vez más llegue a crear una nueva área de estudio en torno a este virus desde las Humanidades. En ese posible escenario, y restringiéndome al contexto académico del cual formo parte como estudiante de doctorado en una universidad de Estados Unidos, dudo mucho que Sopa pueda volverse un texto referencial, salvo para mencionarlo como un dato interesante al ser la primera publicación en torno al tema (bien sabemos que lo primero no siempre acaba manteniendo vigencia). Puedo afirmar esto por el criterio arbitrario del editor y por fallas en cuestiones elementales de cualquier publicación que intente ser seria (Soto señala que hay muchas erratas y malas traducciones en el libro). No sé si esta antología podría pasar el visto bueno de un “peer review”, por ejemplo. Además, el hecho de que Zizek aparezca en el libro, le restaría supuesto prestigio, ya que más de una vez he notado el gesto despectivo de profesores y estudiantes en torno a la obra del filósofo esloveno (las críticas a Zizek abundan: algunos más irónicos, otros más furibundos). No deja de ser risible (¿cuándo Zizek no lo es?; debo confesar que tengo una fascinación con sus declaraciones, que es tan alta como la comicidad que me genera ver sus memes diariamente) que Zizek siga publicando a tanta velocidad. Ni bien supe de que el libro se ofrecía gratuitamente en la pre-venta, me inscribí y lo adquirí. Hace unos días me llegó el correo con el pdf. Me interesa tanto leer el libro para seguir reflexionando con el tema, como para saber qué nuevos memes se pueden crear a partir de él, porque es eso lo que realmente produce una figura como Zizek para muchas personas. Dudo que la academia norteamericana admita este tipo de ambivalencias sobre los intelectuales que son citados en las publicaciones.

¿Por qué han aparecido filósofos, pensadores y activistas publicando textos sobre la pandemia? Salvo Harvey, Butler y algún otro caso, la mayoría no pertenecen a la academia norteamericana. No creo que a estos los guíe el imperativo categórico de publicación determinado por la academia. Para los que estamos inmersos (inevitablemente) en estas dinámicas, es clara la similitud entre las condiciones de producción académica y las condiciones económicas neoliberales. Con amigos y profesores del doctorado solemos reflexionar al respecto. Desgraciadamente, es una situación que lleva bastante tiempo en práctica. Sin embargo, la complejidad de la hiperproducción radica también en las cuestiones propias del mercado laboral. Desde que uno forma parte de un programa doctoral, sabe que la exigencia de publicaciones es una condición necesaria para poder acceder a un puesto de trabajo futuro. Esto no cambia cuando se adquiere el trabajo, ya que en la academia estadounidense, los puestos de “tenure track” demandan una mayor serie de condiciones vinculadas a las publicaciones para (quizá) mantener seguro el trabajo. Aquellos que logran sobrevivir a estas exigencias y tener un puesto estable, se ven ante el escenario de seguir escalando en las jerarquías académicas, o cumplir las mínimas expectativas que se les exige bajo esta nueva condición privilegiada. No sé si la academia europea funcione del mismo modo, pero probablemente la situación sea muy similar. Lo que sí tengo claro es que los filósofos incluidos en Sopa, poseen altos puestos universitarios que les permite estar exentos de esta exigencia de publicar para cumplir las normas académicas. Esto no niega, por supuesto, el hecho de que muchos de ellos deseen –aún cuando ya no necesitan hacerlo- continuar esta dinámica de producción.

Las universidades estadounidenses encarnan la noción de academia que suele rondar mi mente. Es cierto que de manera sorprendente, estas instituciones y muchas otras pretenden hacernos creer que “todo sigue igual”, pero la realidad termina aplastando esta creencia. Muchos compañeros universitarios reaccionaron rápidamente ante la crisis y redactaron un documento pidiendo a nuestra universidad que ofrezca un mejor apoyo económico, pues habrá una inminente crisis del mercado (no deja de resultar paradójico o cómico que desde hace mucho tiempo atrás se repita que “el mercado laboral está en crisis”), que se traduce principalmente en congelaciones de ofertas de trabajo. Sé que los profesores en proceso de “tenure-track” también se ven afectados, por lo que se les ha extendido lo que yo llamaría su “periodo de evaluación” (debe haber un nombre más formal o técnico; en la academia lo que abundan son nomenclaturas). Todo esto no hace más que confirmar que las cosas han cambiado, al margen de que como mencioné antes, cuando se supere la pandemia, “todo volverá a la normalidad” (y se puede cuestionar también qué es supuestamente lo normal).

Los propios académicos o los que trabajamos en la academia también somos conscientes de este cambio, aunque las instituciones pretendan negarlo. Nuestra subjetividad aparece para hacernos despertar o para agravar nuestra salud emocional. La sensación de incertidumbre que ronda a todas las personas se traduce en nuestro caso en estancamiento académico. Lo veo en mis amigos las veces que conversamos por Zoom. Intercambiamos ideas sobre cuál es el sentido de cumplir puntualmente los requisitos de los cursos o del doctorado en general (¿importa ahora redactar un “paper publicable”, determinar el proyecto de tesis o entregar un nuevo capítulo de la disertación?). Ante esta realidad ineludible, la universidad ha flexibilizado sus normas. Pero lo que realmente me interesa notar es que con estas acciones, muchas personas han detenido esta lógica de hiperproducción. Estamos ante un reconocimiento de que nuestra salud física y mental son lo más importante. También creo oportuno señalar que esto es posible gracias a los privilegios que tenemos. Lo corroboro al revisar las redes y ver noticias lamentables sobre cómo afecta el coronavirus al Perú, o incluso en ciertas zonas de Pennsylvania, el estado donde vivo. Hay personas que no pueden darse el lujo de decidir si detenerse o no, porque eso significaría posiblemente no tener un pan en la mesa de su hogar.

Pienso de nuevo en el caso de Sopa, mientras vuelvo a abrir con la disciplina de todos los días la página web del Departamento de Salud de Pennsylvania. Siento una mezcla de horror y fascinación por saber el número de casos que aparecerán el día de hoy. Los números de infectados han crecido exponencialmente desde hace semanas. La otra pestaña de mi buscador muestra el número de casos en Perú. Probablemente, haya otra pestaña abierta de Youtube en la que se puede ver la conferencia del presidente Vizcarra de este día, sea en vivo o diferido. Haciendo comparaciones entre las cifras, las estadísticas del Perú hasta hace unos días eran casi iguales a las de Philadelphia -la ciudad en la que vivo. Incluso, el número de infectados en esta ciudad superaba al número total de infectados del Perú. Esto cambió con el sorprendente incremento de pruebas realizadas en Perú, como bien informó Vizcarra.

Coronavirus update: First death in Philadelphia prison system - WHYY

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Mi mente anda dividida. Siempre lo estuvo desde que vivo en Estados Unidos. A veces una parte de mí anda más en el Perú que en esta ciudad de la famosa escena de Rocky subiendo las escaleras del Museo de Arte de Philadelphia. En esa división aparecen también dudas sobre qué hacer ante la pandemia: producir o no, esa es la cuestión. Pero esta idea de “producción” parte más de una voluntad personal, antes que de las indicaciones de la academia. Imagino que esto también puede ayudarnos a entender algunos de los textos publicados en Sopa, no el libro editado en sí. Creo que tanto los filósofos como los otros pensadores emplean su mejor herramienta: el pensamiento crítico. En parte me agrada saber que se haya publicado este libro porque me ayuda a seguir pensando lo que pasa, y porque yo también necesito darle un sentido a las cosas, al margen del sentido particular que le puede dar la academia. También pienso en mis amigos que se sienten hartos por esta situación de aislamiento, sobre todo en aquellos cuya salud mental es más vulnerable. Por eso creo que es tan válido el querer producir como el querer detenerse. Y los que podemos producir, no para la academia necesariamente, sino para nosotros mismos, para que este sea un tema más de discusión y reflexión, también debemos asumir que este ejercicio es un privilegio. Cuando no podamos continuar haciéndolo, porque la crisis actual también nos desborda en varios momentos, nos detendremos, pero mientras tanto, si tenemos el deseo y la disposición, es un acto ético seguir pensando y produciendo.

***

Mientras terminaba de escribir este texto, me enteré que hace unos días se publicó Fiebre, de la misma editorial que Sopa. No sé si descargue el libro. No sé cuándo continuaré leyendo Sopa. Creo que puede resultar precipitado publicar otro libro más en tan poco tiempo, pero también veo aquí una posibilidad para continuar pensando lo que nos está pasando. Muchos vemos en ello una salida al problema (sobre todo ahora que no podemos salir ni de nuestras casas), quizá muy optimista, pero es tan solo una opción. Me anima pensar en ello cuando hablo con mis alumnas -aunque odio Zoom- y las noto interesadas en debatir la novela que estamos leyendo para nuestro curso, cuando recuerdo que hace unas semanas publiqué un post en Twitter para recomendar libros durante la pandemia, y pude conversar con algunas personas desconocidas que se sintieron animadas a leer las obras que les recomendé. Me di cuenta de que tenía que seguir reflexionando y produciendo ideas sobre listas de libros ante la variedad de temas e intereses de las personas. Me entusiasma esta forma de “pensamiento crítico”, así como me alegra haber descubierto hoy un nuevo ejercicio  para manejar la ansiedad (5-4-3-2-1).

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