El barón rampante: un homenaje a la libertad

el
baron rampante
Fuente: Casa del Libro

Leer a Calvino siempre es una experiencia singular, no tanto por lo que muchos podrían considerar como una prosa fascinante, sino sobre todo por sus tramas que lindan entre lo absurdo y la extrema ironía. Dentro de este terreno, Calvino construye interesantes metáforas para transmitir la capacidad del ser humano de mantenerse fiel a sus ideales. Desde luego, este tema no resulta novedoso en la literatura universal, pero creo que el mérito de Calvino se encuentra en su capacidad para resituar dicha temática en el siglo XX, lo que logra que El barón rampante pase a formar parte de la constelación de obras que se consideran justamente de índole universal, o simplemente un clásico de la literatura.

Cósimo Piovasco de Rondò, tras un altercado con su padre, decide huir hacia su sitio favorito: los árboles. Desde ese momento en que tiene tan solo doce años, se encarama a una encina y se hace la firme promesa de no bajar nunca más de los árboles. Estamos en la Italia del siglo XVIII, época durante la cual Cosimo pasa por muchas aventuras, pero también juega un rol importante en los hechos más importantes de la historia europea.

La novela conjuga el modelo de la novela histórica con el de aventuras, además de la recurrencia al humor y la ironía. No es Cosimo el único personaje excéntrico; en realidad, la novela nos muestra que la sociedad está repleta de personajes que pocas veces actúan guiados por la razón, pues los conducen imposturas sociales o reglas impuestas por un mundo adulto ciertamente autoritario. En cambio, Cosimo resulta uno de los pocos personajes que actúa guiado por sus propias normas. Aunque su propia ubicación claramente indica que él posee otra perspectiva sobre lo que acontece en Ondarivia, en realidad esto le permite valorar los hechos con mayor suspicacia. Así nos lo muestra el narrador, que es el hermano del protagonista.

Como en toda novela moderna, siguiendo el modelo del Quijote, Cosimo construye su propio destino, porque se rehúsa a seguir la vida rutinaria y programática de sus familiares. De esta manera, él asume distintos roles dentro de la historia, sea como cazador, ladrón, vigilante del pueblo, amante, filósofo, escritor, etc. Como si fuera un escenario típicamente barroco, el juego de máscaras se refuerza con la reflexión sobre la función de la literatura, como cuando un famoso ladrón del pueblo abandona su oficio ante el placer inigualable que le producen las novelas que le proporciona Cosimo. En este episodio la novela se vuelve un verdadero homenaje a los libros y su capacidad de redención.

Otro aspecto importante de la novela es el lugar que le otorga al amor. Cosimo desde adolescente mantiene una relación tensa con Viola, una chica que como él disfruta de vivir aventuras lejos de las reglas que le impone su familia. A lo largo de la historia, los reencuentros entre ambos plantean diversas modalidades de amor que cuestionan al lector hasta qué punto este sentimiento y la libertad son realmente compatibles.

El barón rampante resulta, finalmente, una novela simple pero amena. El autor se concentra más en las aventuras de su personaje que en la construcción de una personalidad compleja, por lo que en diversos momentos la narración resulta ciertamente predecible. Asimismo, el trasfondo histórico resulta convincente, pero quizá se vuelve un poco innecesario hacia el final de la novela donde se comentan una serie de hechos históricos de forma apresurada para enmarcar de forma más verosímil el desenlace de la narración. En busca de una mayor verosimilitud, la intensidad de la historia se diluye. Por otro lado, algunas de las aventuras de Cosimo habrían merecido un mayor desarrollo, así como el destino de ciertos personajes relevantes, sobre todo el de Viola. Con ello, queda claro que todos los personajes resultan secundarios o complementarios para encadenar los sucesos en la vida de Cosimo.

Sin duda el final del protagonista refuerza su fidelidad a su libertad, consecuente con el modelo de novela de formación. La novela se vuelve así una excelente lectura para los jóvenes, como una especie de recuperación de un espíritu romántico que cada vez parece estar más ausente en la mayoría de las personas. Nunca queda claro en la historia si el protagonista está  realmente loco o solo era un incomprendido. En vez de esclarecer esta duda –lo cual resultaría innecesario- la narración nos demuestra que más allá de eso, debemos buscar nuestra libertad, así como lo hizo Cosimo, quien viviendo en los árboles demostró su pleno amor a la tierra.

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