Amplitud del mito: dilataciones para eludir lo inasible

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Con la aparición de recientes debates en torno a la poesía joven peruana[1], cabe preguntarse si tal suceso está permitiendo un mayor interés hacia el terreno poético, sea por parte de la crítica o del público lector en general, sobre todo cuando se examina la obra de jóvenes poetas que publican libros con cierta frecuencia. Este hecho, que indica una gran voluntad creativa, implica siempre un gran riesgo porque puede marcar una ruptura en la poética del autor o la continuidad de lo mostrado en un libro anterior. Amplitud del mito (Alastor Editores, 2018)[2], de María Belén Milla, publicado dos años después de Archipiélago, se acerca más a la segunda posibilidad.

Ya había señalado en  una reseña anterior[3], las virtudes de Milla cuando alude a la naturaleza a través de potentes imágenes. En su segundo libro, prosigue con ese adecuado uso del lenguaje literario, y también presenta tres partes que pretenden reflexionar desde diferentes aristas la dimensión del mito y su relación con el lenguaje poético. Para ello, la poeta mantiene la influencia de poetas asociados con el mundo de la naturaleza, como el caso emblemático de Emilio Adolfo Westphalen, figura central para Milla, pues ha guiado gran parte de su estilo desde el primer libro. Quizá es en la primera sección, “Manifestación amatoria del mito”, donde se perciba más la influencia del poeta surrealista: el yo poético se dirige a su amado alocutario de forma similar como lo hace Westphalen en Abolición de la muerte. En ambos poetas, la amada o el amado se funden con la naturaleza formando una totalidad que colma la realidad. Milla refiere dicha situación usando mitos configurados a partir de la naturaleza o del espacio astral. El ejemplo más claro es el poema inaugural, “Alquimia”, donde el yo poético ya plantea un tópico constante en el libro: la tensa relación entre la realidad mítica y el lenguaje (poético). Es decir, el yo asume conscientemente que el lenguaje es una herramienta de representación y que le permite configurar una realidad alterna llena de elementos míticos de carácter hiperbólico. Pero el acierto del primer poema se diluye ante otros de tono repetitivo, que aparecen en diversas partes del libro, o ante versos de cierre que resultan ciertamente predecibles. Por esta razón, las buenas imágenes desplegadas al inicio pierden la intensidad a medida que se avanza en la lectura, mientras que en “Como un idiota”, ocurre lo contrario, porque se perciben atisbos de cuestionamiento a esa realidad mítica que ha mantenido un hermetismo constante en otros poemas.

Es en la segunda sección del libro, “Acerca de la extensión mítica”, donde justamente se observa un mayor trabajo en el lenguaje. A diferencia de Archipiélago, Milla demuestra un mayor dominio para elaborar un lenguaje poético que parcialmente se aleja del ámbito amoroso e indaga sobre cuestiones existenciales, como el sentido de la vida (en unión o separación con la naturaleza) y de la realidad, así como la muerte (sea a través de personajes literarios o de la vida real); también aparecen reflexiones sobre la propia labor creativa, como “Criatura”, uno de los mejores poemas de esta sección, junto con “Para Frida” y “Sobre el mundo”, solo por mencionar algunos. En efecto, en la segunda parte del poemario se encuentran los poemas más logrados debido a la variedad de temas que ponen en cuestionamiento la idea reforzada en la primera parte: el carácter hermético y cíclico del mito. Sin embargo, el tono reflexivo y alejado del entorno más familiar es desplazado con el retorno al ámbito íntimo en la última sección, “Archivo de mitos ascendentes”, a excepción de “Anuncio de la muerte” que guarda más relación con la sección previa. En la mayoría de estos poemas se observan alusiones a ciertos personajes anónimos o específicos que han marcado algún tipo de aprendizaje en el yo poético. Pese a los intentos de registrar esta relación estrecha, se percibe cierta vaguedad o un tono repetitivo, como en la primera parte, por lo que esta sección resulta la más irregular.

La poesía de Milla asume con certeza una estética cargada de imágenes muy sugestivas que grafican adecuadamente su demanda de establecer una realidad llena de figuras míticas, pero los cimientos de este nuevo libro ya se podían rastrear en Archipiélago. Además, pese al indudable mayor trabajo en la formulación de un lenguaje personal, muchos de los poemas de Amplitud del mito insisten en la construcción de un universo donde la realidad mítica se vuelve un terreno impenetrable, mientras que en algunos casos también se recalca que el lenguaje forma parte de tal atmósfera. Es decir, las palabras siempre tienen la función de representar una realidad que se vuelve inasible, y por ello, las figuras literarias y míticas acuden en su reemplazo. Pero si se toma en cuenta que algunas de estas características corresponden convencionalmente al ámbito de los mitos, cabe pensar cuán pertinente resulta tal insistencia en la poética de la autora, cuando gran parte de la poesía moderna que alude a lo mítico[4] apunta justamente hacia su ruptura, directa o indirectamente. Por otra parte, no deja de sorprender la amplia cantidad de poemas incluidos en el libro (30). Algunos de ellos resultan prescindibles, y su ausencia le habría otorgado mayor potencialidad a las eficaces imágenes construidas a partir de sugerentes adjetivos y metáforas. Sería interesante que en un próximo libro, la poeta decida arriesgarse a dejar de lado o cuestionar esa temática que conoce muy bien pero que la limita al intentar abordar otros elementos que podrían nutrir aún más su compleja e interesante poética personal.

[1] Siempre es oportuno aclarar que los rótulos tienden a encasillar fenómenos vastos y complejos. Así, pese a la pretensión de ciertos grupos de abandonar el dañino centralismo limeño en la literatura, no se puede negar que estos debates se realizan en la capital y pese a los esfuerzos por incluir a autores de diversas partes del país, aún predomina una visión capitalina.

[2] Una primera versión de este libro quedó finalista del X concurso “El Poeta Joven del Perú”, según la información de la solapa del libro.

[3]https://relampagosenlosojos.wordpress.com/2017/07/28/archipielago-o-el-resguardo-de-la-naturaleza/

[4] Por cuestiones que escapan a los fines de una reseña, no puedo detallar como deseo la ruptura de lo mítico en la poesía moderna, pero para dar una idea general, basta pensar en el tono de ruptura que se observa en la poesía de Westphalen y Moro. Ambos aluden a universos cerrados, naturales o míticos, pero a la vez apuntan al quiebre de esa realidad.

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