Rosa Chumbe: Lima, la ciudad de la fe o la pobreza

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Un casino no solo es un local de recreación, al menos no para el típico ciudadano limeño, que se refugia aquí para escapar de la realidad –o de su realidad limeña, peruana-. En el casino, el limeño deja de pensar en la suerte y en su lugar, cree en los milagros, sobre todo si es octubre, mes en el que se realiza la procesión del Señor de los Milagros. Probablemente, esto se agudiza si dicho ciudadano es mujer y policía, pues teniendo en cuenta que el Perú es un país altamente machista y –por ende- violento, el hecho de que una mujer represente el orden público acentúa la complejidad social, como bien lo demuestra Rosa Chumbe, ópera prima de Jonatan Relayze.

Rosa transita diariamente por la Lima actual, un lugar lleno de mezclas sociales y culturales, ya sea para ir a su oficina, a un casino, a un chifa o a una tienda donde pueda comprar su próxima botella de ron. Cada acto de su vida está envuelto en la monotonía, la indiferencia y, al parecer, la resignación. Pero detrás de eso existe una vida particular: una hija de dieciocho años, Shirley, que ya es madre, y que como Rosa, tiene una vida marcada por la desorientación y el sinsentido. Quizá esto es lo que lleva a la joven a robarle a su madre y abandonar a su bebé.

La calidad técnica de la película se deja notar desde las primeras escenas donde la poca presencia de diálogos o las imágenes pausadas no son impedimentos para transmitir un cúmulo de sensaciones; de hecho, la soledad es quizá el único cómplice o compañero de las dos mujeres, quienes pese al parentesco y el hogar que comparten, viven incomunicadas. Sin embargo, en vez del silencio, oímos el bullicio de las personas en las calles o una música estridente, incluso, en el propio hogar de Rosa. Si este ruido cobra presencia e impide escuchar con claridad los pocos parlamentos de los personajes, se revela que en realidad no es necesario oír lo que ellos dicen, porque viven en Lima, el espacio donde la comunicación siempre está atravesada por una bulla que camufla los desencuentros entre las personas.

Como los personajes ribeyrianos, Rosa y Shirley parecen estar condenadas al fracaso, aquel que se intensifica en las distintas imágenes de la ciudad: niños pidiendo limosna, ladrones prestos a robar incluso frente a una policía, hombres que no asumen su responsabilidad como padres, etc. Todo ello bien podría sintetizarse en las escenas llenas de crudeza, donde vemos vómitos, oímos el sonido de los instrumentos médicos para practicar un aborto riesgoso, y observamos la sangre de una mujer pasando por un inodoro. Se trata de hechos que grafican la precariedad de una urbe que irónicamente está repleta de centros comerciales, establecimientos públicos, o medios de transporte modernos, como el tren eléctrico[1]. Así, las contradicciones entre el atraso y el progreso quedan encarnadas en Rosa y Shirley, mujeres que logran transmitirnos en sus rostros las marcas de esa Lima gracias a las actuaciones magistrales de Liliana Trujillo y Cindy Díaz. En distintos registros, ambas manejan la tensión, el drama, o la contención, sea para persistir en la cotidianeidad o para asumir decisiones radicales y desesperanzadoras.

Sin esperar alguna señal de cambio o esperanza –salvo esa suerte que le permitirá ganar otra vez en las máquinas del tragamonedas para poder comprar la siguiente botella de ron, y continuar con un proyecto de ahorro poco claro-, el propio ambiente le confirma a Rosa el sinsentido de la vida, como cuando su jefe le pide que acompañe a su esposa a realizar compras, y de manera casual, aquella descubra que esta engaña a su marido. En otras palabras, la película no nos muestra ningún personaje encomiable, menos heroico o ejemplar –típicamente cliché- sino la realidad de una ciudad donde la miseria reluce en sus calles y en la conducta de los seres que la habitan. Esto es reforzado por medio del trabajo fotográfico (Miguel Valencia) –como bien han señalado algunas reseñas de la obra- que permite sumergirnos junto con los personajes en esos lugares sombríos que se vuelven forzosamente hogar o refugio. Pero aun en este clima, parece hallarse atisbos de libertad o felicidad en las risas de Rosa cuando ve el programa cómico del “Gordo” Casaretto.

Llama la atención lo crucial que es la fe para la protagonista en medio de esta vorágine urbana. No es gratuito que la patrona de la Policía Nacional del Perú sea Santa Rosa de Lima, pues ello revela que la institución pública que encarna el orden y el control de los cuerpos guarda una estrecha relación con las figuras religiosas. Quizá esto también explique la devoción de Rosa, especialmente cuando una desgracia inimaginable suceda. Ante la desolación, su única esperanza radica en el Cristo Moreno que durante esos días recorre las calles limeñas. Si la protagonista nunca creyó que su vida cambiaría, la fe en un único acto podría devolverle el amor por la existencia. Sin duda, esto implica que para los marginados y los pobres, el único refugio es la religión o, más aún, los milagros. En otras palabras, es como si el desarrollo social, la felicidad o la justicia no tuvieran cabida en el ámbito legal o racional (iniciativas públicas y del Estado).

***

Lejos de pensar en el potencial de la fe o en los hechos sobrenaturales que pueden percibirse en el final de la película, esta puede apuntar a cuestionar que aquellos ninguneados por el “crecimiento económico” no tengan ningún escape ante la miseria, sobre todo si son madres solteras o mujeres que deben practicarse abortos en lugares clandestinos e insalubres. Si la obra expone que la fe es una alternativa, implícitamente señala que la realidad está condenada a repetirse de manera cíclica, porque puede que los milagros solo sean producto de la fantasía o el delirio. No en vano muchos países pobres son los que presentan los más altos índices de creyentes.

[1] Vale recordar que en la novela Aves sin nido (1889) de Clorinda Matto de Turner, la imagen del tren aplastando animales representa el caso modélico de la violencia de la Modernidad en la cultura peruana. Resulta conveniente pensar qué puede simbolizar el tren eléctrico en una ciudad donde miles de personas tienen acceso a un servicio moderno de transporte, pero como Cindy, viven limitadas por la pobreza, la falta de acceso a una educación integral, el respeto a sus derechos, etc.

 

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