Archipiélago o el resguardo de la naturaleza

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Recurrir a los aspectos más comunes de la poesía lírica puede resultar esquivo para muchos escritores, sobre todo cuando se trata de una primera publicación, o cuando el escenario poético peruano se halla rodeado de tendencias más cercanas a un lenguaje hermético o que apuntan –aún- a un “más allá del lenguaje” –como una especie de vuelta a las Vanguardias, pero sin el necesario reconocimiento-. Sin embargo, cuando se emplean los recursos esenciales de la poesía de manera sólida, los resultados suelen ser encomiables. Esto se ve respaldado si el poeta dialoga con la tradición peruana y muestra con claridad su recepción, en vez de solo recurrir a estos como significantes en búsqueda de prestigio. Un claro ejemplo de ello es el libro Archipiélago de María Belén Milla, publicado por Celacanto.

A lo largo de tres secciones, Milla despliega una serie de recursos poéticos centrados en la potencialidad de las figuras literarias, sobre todo a través de la metáfora, y en las sensaciones que impregna al yo poético el contacto con la naturaleza. Sin duda, tales características no son casuales, tomando en cuenta el epígrafe que da apertura al libro: un verso de José María Eguren, poeta fundacional de la lírica peruana. A su vez, siguiendo con el legado egureniano, hay guiños a la poesía de Emilio Adolfo Westphalen en la primera sección del libro: Tres misivas. Son tres poemas o cartas que giran en torno a la asociación entre los amantes y el mundo natural, lo cual hace evocar –salvando las distancias- al poemario Abolición de la muerte. Esto se observa con mayor relieve en la misiva “III”: “Ah, mi pedazo de abismo ausente! / ¿Alcanzarías a oír mis olas / al otro lado de tu océano?” (16). Nótese la atmósfera de ensueño que emana a través del recurso marino.

Con el afán de mostrar una variedad de tópicos, la segunda sección, “Puentes breves”, parece dejar de lado la temática amorosa para priorizar a un yo poético que se interroga por cuestiones existenciales como la vida, la muerte, los lazos familiares, la religiosidad, el misterio de la poesía. Si bien vale resaltar los esfuerzos por indagar en temas tan complejos, difícilmente el acercamiento de la poeta resulta suficiente para ofrecernos poemas logrados, a excepción de algunos donde la madre aparece como protagonista: “Breve crónica del nacimiento de mi madre” y “La ofrenda”. Parece que la autora se moviliza mejor en los espacios más íntimos y familiares, y cuando sale de ese espacio que la rodea los versos pierden intensidad (no deja de sentirse cierto aire vareliano en esta segunda parte del libro). En todo caso, los personajes femeninos le son más afines, como en “A una muchacha en la torre más alta del Sheraton”, poema bastante sugerente.

Finalmente, la tercera sección, “Fábulas”, resulta ser la más ambiciosa, pues el yo poético viaja hacia terrenos más ajenos y deja parcialmente su mismidad. Algunos poemas aluden a personajes o lugares importantes de la Historia y la Literatura, y por eso, se percibe una mayor influencia de la tradición lírica peruana. Claro ejemplo de ello es la referencia intertextual presente en “A Pedro Rojas” o la alusión a Watanabe en “Muerte en el norte”. Sin embargo, esta última parte resulta la más irregular por las dificultades para mantener la intensidad de las secciones previas. Incluso, algunos de estos poemas pueden sentirse repetitivos, y por tanto, predecibles. Quizá una afortunada excepción sea “El rito”.

La poesía puede dividirse en múltiples tendencias, pero como todo arte que tiene su origen en tiempos antiquísimos, hay aspectos que son esenciales y que muchas veces, escritores contemporáneos pretenden dejar de lado o negarse a darle la relevancia que merece. Por eso, debe resaltarse que una poeta trabaje con las herramientas más tradicionales. Asimismo, vale señalar que como todo primer libro, las falencias señaladas son justas y válidas, pues permiten construir una mejor ruta para una posible próxima publicación. Archipiélago tiene la virtud de acudir a un lenguaje metafórico y evocador con bastante eficacia, aunque podamos encontrar muchos poemas donde estas características resultan insuficientes, pues el yo poético intenta aproximarse a temáticas y espacios que parece no conocer a profundidad. En todo caso, la naturaleza y el amor resultan ser sus mejores aliados, como siempre ha sucedido con los creadores desde los albores de la lírica.

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